El alivio del dolor tras una intervención quirúrgica ha sido a menudo insuficiente y en la actualidad se admite que el control del dolor debería ajustarse para cada paciente y en cada situación. Si puede llevarse a cabo con seguridad, el control del dolor debería establecerse como medida preventiva (analgesia preferente), pero debe tenerse precaución, ya que se podría aumentar una posible depresión respiratoria residual al inyectar un opiáceo de forma postoperatoria.
Los analgésicos opiáceos, en particular el agonista opiáceo puro morfina, constituyen aún la base del tratamiento del dolor postoperatorio. Los opiáceos pueden controlar la mayoría de dolores postoperatorios, pero el grado de analgesia deseado debe equilibrarse frente a efectos adversos como náuseas, vómitos y depresión respiratoria. Las alternativas a la morfina consisten en alfentanilo, fentanilo, papaveretum y remifentanilo. Los agonistas opiáceos parciales o los agonistas-antagonistas mixtos como la buprenorfina, la nalbufina y el meptazinol, aunque es menos probable que produzcan depresión respiratoria, tienen una acción analgésica más débil que la morfina y no suelen emplearse en el dolor postoperatorio. El método tradicional de administrar una dosis intramuscular de un opiáceo según se necesite es doloroso, requiere un tiempo de enfermería y puede producir concentraciones fluctuantes en plasma (con riesgo asociado de depresión respiratoria repentina). La vía intravenosa es más satisfactoria y ampliamente utilizada en la actualidad; un medio eficaz de proporcionar analgesia inducida por opiáceos por vía intravenosa en los períodos postoperatorios inmediatos consiste en administrar una infusión intravenosa de tasa variable con una dosis en bolo inicial y posteriores administraciones en bolo si es necesario. La analgesia controlada por el paciente se utiliza habitualmente por vía intravenosa.
Los opiáceos inyectados en el SNC por vía epidural e intratecal proporcionan una excelente analgesia; durante la intervención quirúrgica se puede introducir un catéter que permita la administración de una infusión continua o inyecciones en bolo; sin embargo, es elevada la incidencia de náuseas, vómitos, retención urinaria, prurito y depresión respiratoria (que puede ser de aparición tardía, por lo que se requiere una monitorización estricta de la función respiratoria). La morfina es el opiáceo utilizado con mayor frecuencia sobre el SNC, pero para la inyección epidural se prefiere un opiáceo como el fentanilo, que es más liposoluble. Las vías epidural e intratecal también se han empleado en la analgesia controlada por el paciente.
La vía oral no es adecuada para la administración de opiáceos en el período postoperatorio inmediato, pero puede ser útil más adelante, cuando se ha recuperado la función gastrointestinal. Los opiáceos también se administran en el tratamiento del dolor postoperatorio por las vías rectal, subcutánea, sublingual, bucal, transdérmica e intranasal, pero debido a una absorción variable y/o un lento inicio de la acción, no se recomienda utilizar estas vías inmediatamente después de la intervención quirúrgica.
La ausencia de efectos sedantes de los AINE los hace especialmente valiosos en el tratamiento del dolor agudo tras la cirugía ambulatoria, pero en general no se consideran adecuados como analgésicos únicos inmediatamente después de cirugía mayor. Pueden utilizarse, sin embargo, junto a otros fármacos, y el uso concomitante de un AINE con un opiáceo permite reducir la dosis del opiáceo sin pérdida del efecto analgésico. Sin embargo, el riesgo de úlcera gástrica, alteraciones en la coagulación y disminución de la función renal puede limitar el uso de los AINE en algunos pacientes. El diclofenaco, el flurbiprofeno, el ketoprofeno y el ketorolaco son los AINE utilizados para el dolor postoperatorio. El diclofenaco, el ketoprofeno y el ketorolaco pueden administrarse en inyección.
Los bloqueos nerviosos con anestésicos locales realizados durante la intervención quirúrgica a menudo producen una analgesia profunda en el período postoperatorio inmediato. Sin embargo, estos efectos son sólo temporales y la administración repetida no resulta práctica. La infiltración local de anestésico en el lugar de la intervención es un método sencillo para evitar el dolor postoperatorio de la herida. El bloqueo nervioso central obtenido con la administración intratecal o epidural de anestésicos locales proporciona una analgesia excelente y el uso de un fármaco de acción prolongada como la bipuvacaína produce un alivio continuo del dolor. La inserción de un catéter durante la intervención permite la administración posterior por infusión o inyección en bolo. La hipotensión es un posible problema en el bloqueo nervioso central y requiere la monitorización constante de la presión arterial. La administración de mezclas de opiáceos y anestésicos locales por vía epidural o intratecal ha permitido obtener una buena analgesia postoperatoria en algunas situaciones utilizando dosis relativamente menores de cada uno de los fármacos. Una amplia gama de otros fármacos como la clonidina se han probado por estas vías, bien solos o bien con opiáceos o anestésicos locales, pero su papel, si lo tienen, no se ha determinado aún.



